miércoles, 8 de marzo de 2017

DOS MUJERES EN LOS FOGONES. DIA DE LA MUJER TRABAJADORA, 8 DE MARZO DE 2017



          

Anne-Sophie Pic y Carme Ruscalleda
Yo adivino el parpadeo
De las luces que a lo lejos
Van marcando mi retorno
….
Y aunque no quise el regreso
siempre se vuelve al primer amor
….
Tuya es mi vida, tuyo es mi querer
C. Gardel.



Hoy es día 8 de marzo del 2017 y al pensar en Anne-Sophie Pic y Carme Ruscalleda y su trayectoria personal y profesional, han venido a mi cabeza estas estrofas de Gardel. ¿Y por qué motivo?
Muy sencillo: Anne-Sophiec comenzó estudiando administración de empresas pero primero trabajó en la casa de Yves Saint Laurent y al mismo tiempo con Moët & Chandon. Pero volvió a sus orígenes, Valence y a sus cocinas como consecuencia de la muerte de su padre Jacques, haciéndose cargo de LA MAISON PIC que ya contaba con una larga trayectoria gastronómica. Puesto que tendremos que remontarnos a 1889, cuando su abuela Sophie Sahy, de nuevo una mujer en la cocina, fundara este establecimiento y junto a su marido Eugene Pic comenzando una leyenda gastronómica capaz de saltar generaciones y casi siempre en manos de mujeres, hasta alcanzar los máximos honores deseados por cualquier cocinero, LAS ESTRELLAS MICHELIN. Será su abuelo André el que recibió aquellas soñadas estrellas, tres en 1934. Y muy posteriormente en 1973 su padre, Jacques Pic recuperará las estrellas para el Pic de Valence.
            Pero el destino hizo que Anne-Sophie se incoporara a la cocina tras pasar por todos los puestos en su restaurante hasta hacerse con las riendas de La Maison Pic y conseguir en 2007 de nuevo tres estrellas Michelin. Fue la primera chef, mujer, en Francia en recibir esta calificación desde hacía 56 años.
En el 2011 se habla de ella como LA NÚMERO UNO en la gastronomía, con sólo 36 años, fue ganadora del I Premio Veuve Cliquot a la Mejor Chef, que otorga la firma San Pellegrino y anunciada en Londres por la revista «Restaurant», pero lo significativo es el hecho que los finalistas fueron dos mujeres, ella y una española, Elena Arzak .
Es la chef más joven, 36 años, en alcanzar las tres estrellas Michelin, en reconocimiento por su cocina sensible y delicada.
Es una luchadora nata. Reconoce que en esta profesión “muchos me han herido, me han dicho que yo no tenía nada que hacer en este mundo”.
Se le ha otorgado la Orden Nacional del Mérito de las Artes y las Letras de su país.
Su actividad es muy variada, en el ámbito gastronómico, porque dirige otro restaurante, un albergue, una bodega, una fundación y entre sus proyectos se encuentra  abrir un servicio de comida preparada.
              “La cocina se ha feminizado en los últimos tiempos -asegura-, pero aún somos pocas las mujeres que destacamos cuando hay muchas más metidas tras los fogones”.

Carme Ruscalleda con CINCO ESTRELLAS MICHELIN, ES LA ÚNICA MUJER con este reconocimiento, las tres de su restaurante Sant Pau, en San Pol de Mar (Barcelona) y las dos del homónimo de Tokyo.
Carme no olvida sus orígenes agrícolas y comerciantes, estudió el oficio de charcutera, además de comercio mercantil. Comenzó creando en su tienda una sección de platos caseros para llevar y fundó el restaurante Sant Pau en Sant Pol de Mar, a los tres años, en 1988, consiguió su PRIMERA ESTRELLA Michelín. Siempre trabajando  con vitalismo y amor por su trabajo, sin olvidar nunca su Maresme natal, porque como ella afirma. Estas estrellas no se consiguen sino se es “perseverante, tenaz, desafiante ante los retos difíciles… Todo poc a poc, sin prisa pero sin pausa”.
Ha sido Premio Nacional de Gastronomía en 1998. Premios Gourmetour en 2004.
Tiene múltiples publicaciones como Del plato a la vida (2000), recetas en dos versiones, una más elaborada para los restaurantes, y otra sencilla para hacer en casa.

Y como hemos empezado terminamos reconociendo que son esas luces parpadeantes en la lejanía las que nos acercan de nuevo al Territorio, nuestro territorio, a nuestros orígenes, al que amamos, porque al poner en valor nuestra tierra, los productos de nuestra Huerta, al recuperar nuestra Memoria Histórica Gastronómica, estamos recuperando, poniendo en valor y proyectando hacia el futuro nuestros orígenes, nuestra historia, eso sí, con los cambios del presente.
Pero como afirma Carme Ruscalleda Todo poc a poc...” porque la cocina tiene que tener amor, porque el amor y la pasión por lo que se hace son ingredientes fundamentales en la cocina.
Por tanto podemos afirmar: tuya es mi vida, tuyo es mi querer”.

Mª Virtudes Várez Pérez
Mediterránea Asociación Gastronómica (MAGA)

martes, 14 de febrero de 2017

14 DE FEBRERO DE CUALQUIER AÑO.



    Nunca me gustaron los días "D", pero la casualidad o lo que Young llamó la Teoría de la Sincronicidad,  hizo que anoche me encontrara con este poema de Gabriela Mistral.

   Jamás me habría visto publicando nada en este día, siempre lo consideré como el día de la madre, del padre o del vecino, un día mercantilizado.

   Y como soy de las que creen en que hay determinados libros que llegan a tus manos cuando deben de llegar, ni antes ni después, casi como por arte de magia, porque hay libros que ellos te escogen a ti y no al revés, y luego resulta que son libros que siempre te acompañan.

   Pues entonces voy a romper esta norma de mi vida y publicar hoy algo, algo que después de leído muchas veces, todavía sigue emocionándome.


 Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.

Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.

Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.

Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuantas rosas en broche han deshojado.

Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.

Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.

Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.

Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.

Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.

¿Te acuerdas del primero...? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenáronse de lágrimas tus ojos.

¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos... vibró un beso,
y qué viste después...? Sangre en mis labios.

Yo te enseñé a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.


Gabriela Mistral.

martes, 20 de diciembre de 2016

A las buenas tardes...



El 21 de Diciembre de 2016 a las 10:44 UTC tiene lugar el Solsticio de Invierno. 



A las buenas tardes, diría un campesino de hace muchos años. Un hombre del campo que viviría en un pueblo, con una rutina cotidiana en la que nunca faltaba ese saludo  o parecido con todos los caminantes que se encontraba en su quehaceres habituales.
Porque en esta sociedad tan urbanita se nos ha olvidado saludar, decir buenos días, hasta tal punto que cuando vamos en un ascensor con más gente se produce un extraño proceso: todo el mundo se mira atentamente las manos, los pies, o  mejor dicho, los zapatos, que están arrugados de caminar pero no de andar. Rehuimos mirar al de al lado, al de enfrente, con suerte dejamos salir a ese señor de entradas blancas rayano en la cuarentena o cincuentena que anda por la vida corriendo pendiente de una apretada agenda y que tiene mucha prisa por llegar, a  la señora que va camino de la calle, quizás a pasear, porque no quiero pensar  en que a lo mejor solo sale a hacer la compra diaria y quiero soñar que baja en  ese ascensor después de un ritual ante un espejo, un armario,  para ir a buscar un poco de  vida que rompa con esa rutina tan cansina del día a día, y que en un parque, en una terraza hay un café que lleva su nombre y un tiempo que  necesita atrapar solo para ella, porque necesita soñar, necesita crear, para hacer algo que rompa esa rutina silenciosa, se sentará y los rayos de un tímido sol invernal calentarán tímidamente su cuerpo y la sangre correrá por sus venas con una alegría distinta y ese tiempo será solo suyo y se sentirá inmensamente rica, rica en tiempo.
Pero  seguiremos pasando unos al lado de los otros y no nos veremos, casi podemos decir que somos invisibles entre nosotros. Y a pesar, o precisamente por haber llegado la Navidad, surgirá un proceso de euforia mercantilizada, orquestada por las cadenas comerciales, en la que todos tendremos una falsa euforia deseándonos todo  tipo de parabienes. Y se genera una  expectativa de ser felices a toda costa, porque toca, sin plantearnos qué es la felicidad o en qué consiste, y eso originará en ocasiones una auténtica angustia. Y sí, muchos deseos son sinceros y son percibidos como tal, pero es precisamente en estos días donde más se acentúa la soledad, y en ocasiones con los más cercanos,  sin darnos cuenta muchas veces de ello a pesar de tenerlos al lado.
 A través de las redes sociales, en una sola tarde me vi sorprendida por dos imágenes de origen muy diverso pero con un elemento común, “la soledad”, en una de la imágenes había un adolescente o un niño (¡qué más da!) rodeado de muchos juguetes y el chico lloraba desconsolado diciendo: “Yo solo quería un abrazo” y en el otro un niño se abrazaba a un zapato y afirmaba: ”Cuando estén tristes abracen a un zapato, un zapato con-suela”.
Y fueron estas dos imágenes las que me han hecho hacer este comentario. Vivimos en una sociedad en que no nos vemos y una sonrisa es muy barata,  una palabra  amable es muy gratificante, una mirada a nuestros ojos nos hace sentirnos vivos y si encima un amigo nos escucha y apoya su mano en nosotros entonces todo es mucho más fácil. Necesitamos tiempo para el tiempo, tiempo para vivir. Necesitamos hablar, escuchar y que nos escuchen. Los niños necesitan menos juguetes y más sonrisas, cuentos inventados contados riendo encima de una cama entre carcajadas. Todos necesitamos sentirnos visibles, necesitamos querer y que nos quieran, pero siempre recordando que las cosas, cosas son, solo eso.
 Yo quiero, necesito palabras, miradas, gestos, paz, y es eso lo que hoy quiero daros, desearos: tiempo, palabras, unos ojos que os miren, una sonrisa, una caricia, una larga conversación o simplemente unas pocas palabras, unos buenos días y un por favor, un muchas gracias, cosas sencillas que hacen más fácil la vida. Gracias por ser mis amigos.

lunes, 24 de octubre de 2016

Eras un viejo amigo a la vieja usanza, elegante, cortés, generoso y encantador, pero que siempre tenía guardadas unas historias que eran suyas y solo suyas.


Querido German, hace ya cinco años que te marchaste, de una forma discreta como a ti te gustaba vivir, y hoy me doy cuenta de unas coincidencias. Sí, hoy es el “Día de las Bibliotecas” en recuerdo de la destrucción de la Biblioteca de Sarajevo, incendiada el 1992 durante el conflicto balcánico.

Y hoy emprendiste tu viaje, hace cinco años. 

Tu que tanto habías leído, porque en el fondo tengo una duda ¿es posible que  hubiera algún libro qué no conocieras? Porque conocías a los libros como a unos buenos y fieles amigos, siempre te acompañaron junto con la música. Tus vivencias estaban impregnadas de historia, de literatura en primera persona. ¡¡¡Cuánto aprendí yo de ti!!! En nuestras largas llamadas semanales siempre aparecía el comentario de un libro,  y como siempre me sorprendías con alguna historia relacionada con su contenido o con su autor y te soy sincera yo hacía verdaderos esfuerzos en encontrar los libros, textos más raros o lo hecho históricos más desconocidos, en ocasiones con la ayuda de mis hijos que casi consideraban un desafío aquellas llamadas para intentar encontrarte en un renuncio. Pero nunca, nunca fue así, siempre quedábamos atrapados por tu discurso, por tus palabras tan sencillas y tan sabías.
¡Cuánta bondad existió en tu vida! Eras ese amigo fiel que siempre está a tu lado. Cuánto nos reíamos los dos, sentados en un banco,  en Santa Elena, ante una gente que pasaba por la vida “sabiéndolo todo” y rechazando la mínima ayuda o la más pequeña cortesía.
Eras un viejo amigo a la vieja usanza, elegante, cortés, generoso y encantador pero que siempre tenía guardadas unas historias que eran suyas y solo suyas. Toda una vida guardando tu secreto, un secreto que no intuíamos, pero que en un momento de confianza fuiste capaz de compartir con Fátima y conmigo. Rompía con los roles establecidos, con lo que tu sociedad esperaba de ti. ¡Qué dura fue por tanto tu vida y a pesar de  ello cuanto amor derramaste a tu alrededor!

Cuanto lo vimos, comprendimos tu secreto. Él también era especial, tan especial como tú lo eras. La vida te robó la vida.

Pero quiero decirte que siempre formaras parte de la nuestra.
Buenas noches Germán.

Mª Virtudes Várez.


domingo, 19 de junio de 2016

EL SOL Y LA LUNA.




Para mis nietas María Bregante Camús y Ayna Costa Bregante..




"En un tiempo muy lejano nos contaban nuestras abuelas una historia, una historia que  decía que antes, hace muchos años, sólo existía una gran oscuridad, una larga noche envolvía a la Tierra y a todo el Universo, hasta que las nubes que nos envolvían se marcharon y permitieron que pudiéramos  ver la luz.
Nuestro cosmos era un caos, todo revuelto, un planeta por aquí, otro por allá, hasta que  apareció un director de orquesta que estaba agazapado esperando  su momento para dirigir a los planetas, para organizarlos.
Los hizo ponerse en formación.
No discriminó a ninguno, daba igual su tamaño, grandes, medianos, más pesados y livianos se pusieron todos en fila y siguiendo las órdenes del director comenzaron a dar vueltas, a girar sobre sí mismos.
Pero… todos sabemos que a nadie nos gusta que  nos manden, así que  aparecieron los primeros insurrectos del Universo. 
Sí señor, la primera manifestación estelar.
Una serie de pequeñísimos cuerpos opacos  decidieron ir por libre y no seguir al resto como miembros de una manada. ¡Aquello era un verdadero caos!, se llegó a pensar  entonces en crear lo primeros semáforos. Pero había un problema ¡No había electricidad, ni tampoco bombillas!!!  Entonces al director se le ocurrió una idea magnífica, colocar a todos aquellos pequeños cuerpos a dar vueltas alrededor de otros cuerpos mayores, por ejemplo, algunos le harían la corte a Saturno, a otros más pequeños los mandó con Marte. Pero había un cuerpo muy feo, medio arrugado, escondido en un rincón, gimoteando casi en silencio, no quería que lo vieran, porque era muy extraño, no era redondo y atractivo, además no tenía luz propia como  el Sol que era el más presumido y que se dedicaba a encandilar a todos los demás, por ese motivo no quería hacerse notar.
De repente se oyó una voz profunda, tajante que casi parecía salir del fondo de una cueva  que dijo ¡Ya está bien, aquí nadie le va a hacer sombra a nadie! ¡Se han acabado los protagonismos, si tenemos que bailar, bailaremos todos juntos y nadie se quedará escondido en la sombra! En ese momento una pequeña lágrima se escapó del fondo de un cráter de la Luna y cayó en la Tierra, y se formó un océano.
¡Todos en fila!, vamos a darnos la mano y a girar cuando yo os lo diga, ¿de acuerdo? Y sonó un asentimiento general, un susurro estelar recorrió la profundidad del espacio.
¡ A la de una, a la de dos, a la de tres ¡ ¡Y … , ya!.
Era admirable como se habían puesto todos de  acuerdo y giraban, Saturno se había  vestido con una falda de tul de colores irisados y a su alrededor daban vuelta sonriendo otros cuerpos más pequeños como si formaran parte de su tutú.
En la última fila había un pequeño cuerpo que llamaron Plutón, estaba casi fuera del corro, y como era pequeñito tardaba mucho en dar la vuelta, estaba agotado, pero se consolaba porque sabía que muy cerquita de él estaba otro cuerpo más pequeño que pasaba totalmente desapercibido, decían que estaba más allá de Plutón. La verdad que su vida era un tanto azarosa, siempre corriendo si llegar, ensombrecido por su lejanía del Sol, pasaba frío y no tenía casi ni luz para andar el camino, ya que los grandullones de los demás planetas le tapaban sus rayos.¡ Era imposible vivir así! Era un planeta triste, siempre corriendo, amenazado con echarlo del grupo por llevar su propio camino y hacerlo como él quería. Pero nunca nadie le preguntó si quería cambiar de posición.
Ya parecía que todo estaba organizado.
Pero surgió un nuevo dilema, una cuestión.
Aquella pequeña roca arrugada, irregular, llena de cráteres  estaba muy triste, había querido estar cerca de la Tierra, pero  daba vueltas y más vueltas y tenía frío, el Sol y ella no se ponían de acuerdo, a pesar de que según las malas lenguas, los chismosos del espacio, decían que estaban enamorados y que por eso la Luna se había situado junto a la Tierra para ver al Sol, pero la verdad es que  este último intentaba darle cobijo, calor, afecto, pero, sus caminos eran distintos, porque si el Sol se acercaba mucho lo achicharraba, quizás por   su calor ¿o sería por  su amor? La verdad es que aquel amor silencioso casi platónico no funcionaba, los dos estaban tristes y la Tierra también porque no entendía ¿qué hacían estos dos tontos persiguiendo un amor imposible?! No podían ni siquiera soñar juntos y menos  bailar cogidos de la mano como el resto de los planetas afortunados.
Entonces surgió una idea magistral, coordinar el movimiento del Sol y de la Luna de tal manera que todos los días se encontrarían un ratito en  el Universo protegiendo, acompañando a la Tierra. Y a pesar de que el Sol, a su vez, había ganado un título de nobleza: "ASTRO REY", era humilde, porque había aprendido que su fuego, su ardor , que le quemaba por no estar con la Luna, era beneficioso para ella, porque la iluminaba y así entre los dos alumbraban a la Tierra por el día y por la noche.
¡ La dos tenían su brillo!
Las largas  noches del invierno y las largas noches ardientes del verano quedarían iluminadas por la Luna, y tendría un papel muy importante en los nuevos vecinos de la Tierra, les ayudaría a contar el tiempo y hacer más liviana la espera de un nuevo año.
Era mucha la responsabilidad de la Luna, su cometido no era fácil, guiar a los caminantes en los viajes a través del mar y en los caminos, mover las aguas del mar hacia arriba y hacia abajo, tanta marea mareaba, no había descanso salvo siete días de  cada veintiocho, y vuelta a trabajar de nuevo, un año detrás del otro.
El Sol tampoco paraba de correr por los caminos, de la mañana a la noche sin descanso, y en verano iba más lento el calo le agotaba, no tenía ni un momento de asueto.
Mientras, arde que te arderás,  fogata por aquí y fogata por allá. Todo el día sudando. ¡Ser rey no era precisamente un privilegio!, sin poder quitarse su corona y sin poder darse una buena ducha.
Se quejaban de él porque agostaba los sembrados; se alegraban las madres cuando se secaban las sábanas tendidas entre las cuerdas  de tender, era feliz, era lo que más le gustaba hacer  junto al dejarse caer por entremedio de los árboles, en los bosques frondosos,  al penetrar sus pequeños rayos juguetones entre las hojas de los mismos.
Aquel director de orquesta que organizo el Universo se planteó una cuestión. ¡Aquí va a haber un problema!, el Sol siempre corriendo por alcanzar a la Luna, siempre trabajando sin ningún día de descanso, este se nos va a enfadar y nos quedamos sin luz si apaga sus calderas, y entonces habrá que volver a ponerse a organizar el Universo ¡Con lo que ha costado!
Pensando, pensando, llegó a una pequeña solución. ¡Inventó el eclipse! el del Sol y el de la Luna, en el que por un momento estarían juntos y podrían demostrarse todo su amor."
                                                      Mª Virtudes Várez.