viernes, 19 de diciembre de 2014

Navidad 2014. LO QUE LLEVA EL REY GASPAR (Cuento de Navidad) José Azorín


Navidad 2014. 



    Si.
   Es Navidad, llegó el invierno, y vienen a mi recuerdo unas palabras que alguien me dijo el año pasado en estas  mismas fechas : “sueñas demasiado”
   Y sí, quiero seguir soñando, que nadie me pueda robar mis sueños.
   Porque sé que existen hombrecillos grises que por las noches nos roban los sueños, y los días se convierten por eso en días de color gris.
   Y no, no quiero perder mis sueños, ni mis deseos de libertad, de hablar, de reírme, de compartir con los demás proyectos e ilusiones, de seguir buscando la verdad y la justicia.
   Este año, más que una felicitación, es una reflexión sobre  tantas cosas que nos rodean.
   Os he deseado paz, felicidad, libertad…
   Pero este año quiero desearos sueños.
  Me gustaría que cada uno de nosotros tuviera una cajita y que dentro de ella tuviéramos guardados unos cuantos sueños que pudieran hacerse realidad.
   O podéis escribir en un papel cada nuevo sueño  y guardarlos en un libro, en ese libro que tantas historias tiene dentro, que tantas veces ha conseguido haceros soñar con otra vida, otros lugares, otras sensaciones. Ese libro especial que todos tenemos.
   Meted dentro el papel, pero ante apretadlo entre vuestras manos, cerrad los ojos y pensar fuertemente en lo que habéis escrito. Y a finales del 2015 volver a abrir el libro y leed lo que habíais escrito. Y quizás nos sorprenderemos al comprobar que algunos si los hemos logrado alcanzar.

   Este año quiero comprtir con vosotros el cuento de J. Azorín: "Lo que trajo el rey Gaspar”, deseo que alguno lo lea, solo son 6 minutos mal contados.

                                     Felicidades .
                                                               Mª Virtudes .
Villena 19 de diciembre del 2014




LO QUE LLEVA EL REY GASPAR
                                                                                        (Cuento de Navidad)   José Azorín


"Los tres reyes han salido de sus palacios. Los tres son viejecitos.
   El rey Melchor es alto, con una barba blanca, con sus ojos azules, con sus anteojos de oro.
El rey Baltasar es bajo, un tantico encorvado, con un bigote largo y una perilla más larga todavía.
El rey Gaspar no usa nada en la cara; va afeitado, pulcro, correcto, pero su nariz cae un poco en gancho sobre la boca, y en la comisura de sus labios hay algo como una sonrisa equívoca, inquietante, como una ironía vaga, desconsoladora.

    Yo os digo desde este instante, pequeños amigos míos, que no perdáis de vista a este viejecito....
Los tres reyes van caminando durante la noche por un camino largo; las estrellas brillan, serenas, rutilantes, en la bóveda negra; abajo, en la tierra, tal vez en la lejanía remota, se oye un grito perdido o se ve el resplandor incierto de una lucecita.
   Esta lucecita indica una ciudad.
   Los reyes han llegado ya a esta ciudad. Ya van a detenerse ante las casas; ya van a meter las manos en sus grandes arcaces; ya van a dejar en los balcones sus dádivas ansiadas. Pero los tres se detienen un momento antes de penetrar en la ciudad.
   Antes, ya lo habréis oído contar, estos reyes eran muy ricos y les ponían regalos a todos los niños de todas las casas, de todas las ciudades; pero el tiempo ha corrido mucho; las circunstancias han cambiado mucho para los reyes, y estos tres excelentes monarcas, a fuerza de prodigar sus dones, han venido a ver grandemente mermado su caudal. 

  Quiero deciros que Gaspar, que Baltasar y que Melchor se ven todos los años en el terrible compromiso de no dejar sus recuerdos preciosos si no a tales o cuales niños que el azar les designa. 

   Los tres reyes se han detenido a las puertas de la ciudad. 

     Melchor, el de la barba blanca y los ojos azules -no creáis a quien os lo pinta con la tez negra-, tiene delante de sí una gran arca, que él ha abierto para inspeccionar qué es lo que queda en ella.
   Baltasar, el de la perilla y el bigote reíros de los que os lo representan de otro modo, tiene también su arca, y en ella, con el mismo fin, ha hecho su recuento.
   Gaspar, pequeños amigos míos, no tiene arca, no tiene equipaje, no tiene ningún camello, ni caballo, ni asno en que llevar lo que ha de regalar a los niños, pero tiene una nariz un poco encorvada y unos labios que expresan una ironía suave, vaga, inquietadora.

     Los tres reyes han hecho ya su arqueo y se disponen a entrar en la ciudad. Como van siendo ya pobres, ellos no llenan las cestas que hay en todos los balcones, sino que, según la comodidad o el capricho, dejan sus mercedes y regalos en unos que son pocos y pasan de largo ante otros  que son muchos. 

     He de deciros que, para que sean más los niños favorecidos, los tres reyes han convenido, no en donar los tres sus regalos a todos los niños elegidos, sino en que cada uno haga su donación a cada niño. 

    Y así, de tarde en tarde, Melchor se para delante de una casa y abre su arcón; luego deja en la ventana su dádiva.
v  Lo que este rey de la barba blanca regala se llama: Inteligencia


   Al cabo de un largo rato, Baltasar se detiene ante otra casa y mete la mano en su tesoro; después pone su dádiva en la ventana.
v Lo que este rey del bigote y de la perilla dona tiene por nombre: Bondad.   


Y solo este histórico rey Gaspar, este rey de la nariz picuda y de los labios apretados, sólo este rey pasa, y pasa, y pasa ante los balcones y no se detiene si no ante uno, o dos, o tres de cada ciudad.
   Y ¿qué es lo que hace entonces el rey Gaspar?. ¿Qué es lo que regala este rey?. ¿Por qué es tan sórdido, tan avaro, tan riguroso en sus regalos?.
   Todo el tesoro de este rey está en una diminuta caja de plata que él lleva en uno de los bolsillos de su levita -no olvidad que los reyes usan ahora levita- .
   Cuando Gaspar se detiene ante un balcón, allá, muy de tarde en tarde, él echa mano de su pequeña caja, la abre con cuidado y pone su donativo en el balcón.
    No es nada lo que ha puesto; es una cosa insignificante; es como humo que se disipa al menor viento; pero este niño favorecido con tal regalo gozará de él durante toda su vida y no se separarán de él ni la felicidad ni la alegría.
   El rey Gaspar ha depositado ya su regalo. Sus ojos verdes -no os he dicho antes que eran verdes- brillan fosforescentes; su nariz parece que baja más sobre la boca, y en los labios se dibuja con más profundidad su ironía vaga. Acercaos, pequeños amigos míos; yo os quiero decir lo que el rey Gaspar lleva en su caja.
 Sobre la tapa, con letras diminutas, pone: Ilusiones.


Os deseo, ilusión, inteligencia y bondad.
Porque: 
©   la ilusión mueve a los hombres a avanzar,
©   la inteligencia, a caminar hacia delante,
©   y la bondad a luchar por la verdad y la justicia.
   Y necesitamos un mundo mejor.
¡¡¡Felicidades!!!
                               Mª Virtudes. 
   19 de diciembre 2014




 


domingo, 14 de diciembre de 2014

Miguel Hernández y Pablo Neruda, prosa de una amistad.







































"Su poesía terrenal y silvestre en la que se juntaban todos los excesos del color, del perfume y de la voz del Levante español, con la abundancia y la fragancia de una poderosa y masculina juventud. Su rostro era el rostro de España. Cortado por la luz, arrugado como una sementera, con algo rotundo de pan y de tierra. Sus ojos quemantes, ardiendo dentro de esa superficie quemada y endurecida al viento, eran dos rayos de fuerza y de ternura."

("Confieso que he vivido")  Pablo Neruda





viernes, 5 de diciembre de 2014

No eres Tú, soy Yo... Viktor Frankl, "El hombre en busca de sentido "


"Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: La última de las libertades humanas-la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino".

Definitivamente nadie puede decidir por nosotros.

 Nadie puede obligarnos a sentir o a hacer algo que no queremos, tenemos que vivir en libertad.


No eres Tú, soy Yo...

¿Quién te hace sufrir? ¿Quién te rompe el corazón? ¿Quién te lastima? ¿Quién te roba la felicidad o te quita la tranquilidad? ¿Quién controla tu vida?.
..
¿Tus padres? ¿Tu pareja? ¿Un antiguo amor? ¿Tu suegra? ¿Tu jefe?...

Podrías armar toda una lista de sospechosos o culpables. Probablemente sea lo más fácil. De hecho sólo es cuestión de pensar un poco e ir nombrando a todas aquellas personas que no te han dado lo que te mereces, te han tratado mal o simplemente se han ido de tu vida, dejándote un profundo dolor que hasta el día de hoy no entiendes.

Pero ¿sabes? No necesitas buscar nombres. La respuesta es más sencilla de lo que parece, y es que nadie te hace sufrir, te rompe el corazón, te daña o te quita la paz. Nadie tiene la capacidad al menos que tú le permitas, le abras la puerta y le entregues el control de tu vida.
Llegar a pensar con ese nivel de conciencia puede ser un gran reto, pero no es tan complicado como parece. Se vuelve mucho más sencillo cuando comprendemos que lo que está en juego es nuestra propia felicidad. Y definitivamente el peor lugar para colocarla es en la mente del otro, en sus pensamientos, comentarios o decisiones.

Cada día estoy más convencido de que el hombre sufre no por lo que le pasa, sino por lo que interpreta. Muchas veces sufrimos por tratar de darle respuesta a preguntas que taladran nuestra mente como: ¿Por qué no me llamó? ¿No piensa buscarme? ¿Por qué no me dijo lo que yo quería escuchar? ¿Por qué hizo lo que más me molesta? ¿Por qué se me quedó viendo feo? y muchas otras que por razones de espacio voy a omitir.

No se sufre por la acción de la otra persona, sino por lo que sentimos, pensamos e interpretamos de lo que hizo, por consecuencia directa de haberle dado el control a alguien ajeno a nosotros.

Si lo quisieras ver de forma más gráfica, es como si nos estuviéramos haciendo vudú voluntariamente, clavándonos las agujas cada vez que un tercero hace o deja de hacer algo que nos incomoda. Lo más curioso e injusto del asunto es que la gran mayoría de las personas que nos "lastimaron", siguen sus vidas como si nada hubiera pasado; algunas inclusive ni se llegan a enterar de todo el teatro que estás viviendo en tu mente.

Un claro ejemplo de la enorme dependencia que podemos llegar a tener con otra persona es cuando hace algunos años alguien me dijo:
"Necesito que Enrique me diga que me quiere aunque yo sepa que es mentira. Sólo quiero escucharlo de su boca y que me visite de vez en cuando aunque yo sé que tiene otra familia; te lo prometo que ya con eso puedo ser feliz y me conformo, pero si no lo hace... siento que me muero".

¡Wow! Yo me quedé de a cuatro ¿Realmente ésa será la auténtica felicidad? ¿No será un martirio constante que alguien se la pase decidiendo nuestro estado de ánimo y bienestar? Querer obligar a otra persona a sentir lo que no siente... ¿no será un calvario voluntario para nosotros?

No podemos pasarnos la vida cediendo el poder a alguien más, porque terminamos dependiendo de elecciones de otros, convertidos en marionetas de sus pensamientos y acciones.

Las frases que normalmente se dicen los enamorados como: "Mi amor, me haces tan feliz", "Sin ti me muero", "No puedo pasar la vida sin ti", son completamente irreales y falsas. No porque esté en contra del amor, al contrario, me considero una persona bastante apasionada y romántica, sino porque realmente ninguna otra persona (hasta donde yo tengo entendido) tiene la capacidad de entrar en tu mente, modificar tus procesos bioquímicos y hacerte feliz o hacer que tu corazón deje de latir.

  1. Definitivamente nadie puede decidir por nosotros.
  2. Nadie puede obligarnos a sentir o a hacer algo que no queremos, tenemos que vivir en libertad. 
  3.  No podemos estar donde no nos necesiten ni donde no quieran nuestra compañía.
  4.  No podemos entregar el control de nuestra existencia, para que otros escriban nuestra historia.
  5. Tal vez tampoco podamos controlar lo que pasa, pero sí decidir cómo reaccionar e interpretar aquello que nos sucede.
La siguiente vez que pienses que alguien te lastima, te hace sufrir o controla tu vida, recuerda: No es él, no es ella... ERES TÚ quien lo permite y está en tus manos volver a recuperar el control.
"Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: La última de las libertades humanas-la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino".

"Tenemos que aprender por nosotros mismos y después enseñar a los desesperados que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros"
Frankl, 1946)


Ensayo de Viktor Frankl, neurólogo, psiquiatra, superviviente del holocausto y fundador de la  Logoterapia.